Uke es siempre quien inicia la técnica a través de su ataque. Uke inicia el acto de comunicación. Sin ataque sencillamente no hay práctica y sin un ataque honesto la técnica es imposible.

Cuando interpretamos el papel de Uke, especialmente al principio, tendemos a restirnos a la técnica. Esto es natural porque al principio es normal sentirse inseguros (la inseguridad siempre genera rigidez) . A veces, sencillamente nuestra inercia cultural que entiende como fracaso cualquier otra cosa que no sea salir victorioso hace que nos resistamos, aunque sea a un nivel inconsciente, interpretar el papel del «derrotado».

No es infrecuente encontrarse con Ukes que se resisten o boicotean la técnica (habitualmente aprovechándose del conocimiento de qué movimiento va a hacer Tori) y además se enorgullecen de ello. Este tipo de Uke desconoce  completamente que, al hacerlo, se priva de la posibilidad de sentir la técnica tal como la ejecuta Tori y, tan o más importante, hace que su posición sea más vulnerable ante los ataques.

La siguiente historia con Saito Sensei como protagonista, extraída del artículo «Honest Aikido Training» ilustra este punto:

La siguiente es una historia auténtica que ocurrión en Iwama Dojo hace muchos años. Yo estaba prácticando con un compañero fuerte. Cada vez, utilizaba su conocimiento de la técnica que estábamos practicando para bloquear mi movimiento. Esto obviamente me causaba frustración. Para poner las cosas en su sitio, procedí a bloquear su técnica de la misma forma pero sólo una vez para demostrar este punto. Él continuó deteniéndome cada vez y, a partir de ese momento, simplemente me resigné  a continuar hasta el final de la clase prometiéndome no entrenar con él de nuevo.  Yo sabía que Saito Sensei nos estaba observando mientras continuábamos de esta forma y vi de reojo como iba enfadándose.

Finalmente, Sensei gritó  “Dame! So iu kudaranai keiko yamero!” (¡Parad este estúpido entrenamiento!). Todos nos sentamos mientras Sensei explotaba con nuestro compañero. Explicó que cualquiera puede bloquear la técnica de una persona si sabe por anticipado qué pretende hacer, que este tipo de entrenamiento destruye totalmente el propósito de la práctica y que uno no puede progresar practicando de esa forma. Sensei procedió entonces a prohibir a mi compañero practicar en el dojo. El hombre estaba completamente humillado y se marchó inmediamente del dojo con la cabeza agachada. Sensei le permitió regresar después de aproximadamente un mes. Desde ese momento, entrenó de forma respetuosa y se convirtió en un estudiante ejemplar.

Del mismo modo, somos muchos los que también hemos pasado por el extremo contrario.  En este caso, tendemos a aplicar la idea predefinida de cómo debemos responder a una determinada técnica.

Tanto un extremo como el otro son frecuentemente etapas del camino de aprendizaje por las que hay que transcurrir antes de entender el principio de la honestidad en Uke.

Cuando actuamos como uke, literalmente cedemos nuestro cuerpo a Tori para que efectúe la técnica. Hacerlo con honestidad y sin reservas requiere una gran confianza en nosotros mismos, en nuestra capacidad de responder adecuadamente a la técnica y en Tori que es quien tiene la obligación de velar por nuestra integridad física.

A menudo interpretamos este último punto como pasividad cuando es más bien lo contrario. Como Uke tenemos la obligación de adaptarnos a la técnica e intentar mantener la posición más estable y segura que podamos sin oponernos a Tori.

A medida que aprendemos a hacerlo, se abre un nuevo mundo ante nosotros y, curiosamente, descubrimos que precisamente seguir este camino nos otorga una mayor confianza en nosotros mismos y al mismo tiempo, una mayor sensibilidad, estabilidad y flexibilidad.

Pero más allá de eso, uno de los mayores placeres que esconde el papel de Uke  cuando somos honestos es comprobar que respondemos de formas distintas ante cada Tori y cada técnica. En ese momento, Aikido se convierte en un verdadero acto de comunicación, empezamos a vislumbrar que cada técnica es única y no una simple repetición y nos adentramos en el camino del  «Shoshin» o «mente del principiante».

Foto: Stage à petite Synthe | Fotografo: Chris & Oli